Gustavo Penadés / 

Una buena noticia

Hace unas semanas el Presidente de la República recibió a una delegación de representantes de trabajadores y empresarios de la construcción. No es la primera vez, ni tampoco será la última, en que un presidente mantiene reuniones con esos actores. No obstante, el tenor del encuentro nos parece sumamente interesante.

En la oportunidad, se realizó una presentación conjunta de propuestas y planes de trabajo de interés para el sector. Algunas de ellas tienen que ver con la capacitación de los trabajadores, preocupación que obedece a la necesidad de que el país disponga del personal capaz de atender la demanda surgida a partir de los proyectos de inversión en curso, impulsados tanto por el Estado como por el sector privado. Se pone especial atención en los jóvenes que comienzan a trabajar en el sector; donde el Instituto Nacional de Empleo y Formación Profesional será uno de los medios que se pretende utilizar para alcanzar el objetivo.

Pero, además, se pusieron de manifiesto algunos otros planes que creemos que merecen ser destacados.

Entre ellos se encuentra la preocupación por las condiciones de vida de los trabajadores de la construcción, tanto en lo que se refiere a su vivienda, como en lo que tiene que ver con el desamparo de trabajadores ancianos, y la adicción a las drogas. A los efectos de atender la problemática señalada se le solicitó al Presidente de la República la aprobación de una ley que permita destinar a esa finalidad un porcentaje del Fondo Social de Vivienda de Obreros de la Construcción.

Sin lugar a dudas merece señalarse la importancia de que dos núcleos tan caracterizados e importantes, como son el de los empresarios de la construcción y el sindicato de trabajadores, estén colaborando para alcanzar tan loables objetivos.

Por supuesto que eso no significa que no mantengan diferencias ni que los problemas estén ausentes. Lo importante es la voluntad de aunar esfuerzos para la consecución de fines que los trascienden, llevando a la práctica una visión que no es habitual encontrar, no solamente a nivel de la sociedad sino también del Estado. Es decir, lo habitual es que detectado un problema, una necesidad, se pierda muchísimo tiempo hasta que se llega a una solución y, en el camino, se dedica mucha energía en discutir si la responsabilidad es de este o de aquel.

Este caso que venimos de presentar nos pone también, ante la evidencia del enorme potencial que existe en la sociedad cuando en vez de discutir problemas se buscan sus soluciones. Veamos que no se discute de quien o quienes es la responsabilidad que existan trabajadores viviendo en condiciones precarias, sino que, aunque cada uno tenga su opinión, se procura arbitrar los medios para atender el problema.

Veremos con el paso del tiempo cómo evolucionan las cosas y qué efectos se consiguen. Pero, sin duda, el simple hecho de que el capital y el trabajo, se sienten a conversar y consensuar proyectos con mirada solidaria es, en sí mismo, una muy buena noticia y, por sobre todo, un ejemplo a seguir.

Gustavo Penadés

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